Con Ramón Fort una conversación jamás es banal. Buen humor combinado con ideas reflexionadas e interiorizadas. Hemos tenido la suerte de compartir con él una semana en su Escuela, lugar de aprendizaje y de recogimiento cerámico. Sentirse como en casa es poco. Os abrimos las puertas de Cal Pianxo, taller, escuela y obra de Ramón Fort.

Ramón Fort

Quién: El artista y ceramista Ramón Fort.

Por qué: Porque es un referente tanto por su trabajo como por su personalidad y actitud vital.

Dónde: En su Escuela-Taller Cal Pianxo, en Llers, Girona.

Hoy en día, encontrar personas auténticas es un regalo. Aún más con los tiempos que corren, donde discernir entre ficción y realidad a tenor de las redes sociales se convierte casi en un imperativo.

Ramón es transparencia. Buen humor y mucha crítica, comenzando por la propia vida, lo que le hace siempre evolucionar. Con una mente en constante ebullición, su cabeza está repleta de ideas, así como de soluciones. Dicen que la creatividad es precisamente eso: resolver problemas empleando todos los puntos de vista posibles. Y así es como comienza Ramón Fort su “periplo” por el universo cerámico.

Empecemos por el principio, Ramón, ¿por qué decides dedicarte a la cerámica?
La cerámica vino a mí de forma indirecta. Buscaba un cambio de vida. Quería dejar el medio urbano e irme a vivir al campo pero sin tener que vivir de la “Tierra” propiamente, aunque al final resultó que algo con la Tierra sí ha tenido que ver,-explica riendo.

Ramón Fort trabajando

Yo me dedicaba profesionalmente a la carpintería y estaba estudiando sociología. A lo primero no me quería seguir dedicando, y a lo segundo no le veía mucha salida en el campo.

Así que empecé a valorar diferentes salidas, ¡desde fotografía a macramé!
El proyecto y el objetivo estaban claros, ahora sólo había que encontrar la manera. Con 26 años, en mis vacaciones de verano, me fui a un barrio de La Bisbal, que estaba repleto de tiendas con sus talleres de cerámica. Y me ofrecí a trabajar gratis a cambio de aprender la profesión.

Pero muchos me decían que ellos no podían darme esa formación. Iba a ser un aprendiz. Así que me hablaron de la Escuela de La Bisbal, que entonces estaba en un convento. Y salí de allí inscrito en un monográfico de iniciación a la cerámica.

Entonces todo comenzó de una forma casi natural…

Sí, fue tocar el Barro y pensé: “ya sé lo que quiero ser de mayor” .

Y desde esa experiencia iniciática, Ramón lo tuvo claro y se montó un pequeño taller en su casa. Estudiar, trabajar y practicar cerámica, así se planteaba el futuro a corto plazo.

¿Pero cuándo diste el salto?
La historia continúa, porque al año siguiente regresé a estudiar a La Bisbal, y cómo vieron que era muy currante, que servía para esto y era persistente, me ofrecieron dar clases allí. ¡Y ese fue el empujón que necesitaba!

Ramón dejó la carpintería y comenzó a dedicarse de lleno a la cerámica.

Estuve dando clases en La Bisbal 8 años y fue muy bueno para mí. La responsabilidad para con los alumnos hace que te formes más rápido y te obliga a desarrollar una metodología, para transmitirlo a otros.

En paralelo Ramón ya tenía su casa en el campo, algo precaria aún, pero ya en el camino…

¿Por qué te especializaste en el torno?

Me parece “mágico”. Apretar la arcilla y que salga una forma casi de la nada.

Ni siquiera era uno de los mejores cuando empecé, el aprendizaje es lento.
También va con mi personalidad, la parte de “reto”; y me engancha la técnica.

De pronto decides hacer un parón en el camino. Háblanos de tu viaje a La India
Una cosa te lleva a la otra y de pronto todo era cerámica en mi vida. ¡Y tampoco era eso!

En 1984 me invitaron a participar en ARCO. Yo fui allí con un billete a La India en el bolsillo, de ida pero no de vuelta. Pasara lo que pasara, yo quería irme. Era un viaje soñado, desde hace tiempo y al final, al comenzar el negocio de la cerámica, dejé de lado algunas cosas que quería hacer.

Así que me lo planteé de esa forma, y por supuesto, me fui. Estuve 3 meses allí y tengo que decir que ha sido el viaje de mi vida.

Cuenta Ramón que se fue dejando la cerámica totalmente, sin el más mínimo interés. Sí visitó Bhaktapur, un pueblo de ceramistas en Nepal.

¿Aprendizaje de todo esto?
Que todo estaba como lo dejé, ni más ni menos. Volví a La India al año siguiente, de hecho. Es importante relativizar en la vida. Las cosas van saliendo.

Es más, de ARCO precisamente, entre otras cosas, surgió para Ramón una oportunidad importante: vender en la tienda y galería madrileña Coclico.

En la Galeria Coclico estaban “los grandes”, –explica Ramón-, mucha de la gente a la que yo admiraba, vendían allí. Así que para mí era importante. Y estuve muchos años produciendo y vendiendo para ellos. Vendía tanto que a veces no tenía tiempo para producir más. Vendí obras de arte durante más de 10 años en esta tienda.

La Escuela-Taller de Ramón Fort: Cal Pianxo

Después de 8 años enseñando en La Bisbal, en 1989 Ramón decide dar un salto y crear su propia escuela para enseñar cerámica. Y aumentan los gastos, por supuesto. Por eso comienza a crear piezas en serie, en paralelo a su obra de arte para Galerías. Era un buen momento para la venta entonces.

¿Por qué decides crear tu Escuela?
Cuando comencé en este mundo, no me planteé ser profesor. No estaba en mi cabeza, pero tras pasar por La Bisbal, me di cuenta de que me encanta enseñar.

Doy fe de que así es. Ramón tiene la técnica completamente depurada e interiorizada, además se nota que le gusta transmitirlo y que no le cuesta. Sus manos, su cabeza, sus palabras, van al mismo ritmo, y en cada movimiento que realiza el alumno, sabe perfectamente encontrar el error para encauzarle.

Todos los años realiza varios monográficos en verano de iniciación y técnicas especiales de torno, así como un especial de teteras. También en Semana Santa, y durante el año da clases 2 veces por semana. Pueden pasar por su manos más de 130 alumnos al año. Y sumando.

Y como no, en relación a la Escuela es importante hablar de Anna Admetlla. Ana es una excelente ceramista y maestra, compañera de vida de Ramón y también guía de estos cursos. Un tándem excelente, como describe él mismo: “desde hace bastantes años ha dejado de ser “mi” escuela para convertirse en cosa de dos, pues Anna le aporta su energía y su bien hacer y evidentemente esto da sus frutos”.

¡Y el espacio! Perfecto para hacer una inmersión completa al torno. Las instalaciones están disponibles 24 horas al día. Se respira, se desayuna, y se cena cerámica, ¡si uno quiere! Hay que decir, que comer, también se come excelente. La experiencia es única.

El siguiente curso tendrá lugar en Semana Santa y estará especializado en la técnica de la creación de teteras. Una forma de ver diferentes ejercicios al torno: creación de formas abiertas, pitorros, tapas, medidas, etc.

Ramón Fort y su Obra Artística

Retomando la obra cerámica, ¿cuáles son tus referentes? ¿en quién te inspiras?
Hay personas que me gustan, que son referente para mí, no sólo por su obra, también por su actitud.

Uno de ellos es Arcadi Blasco. Me siento identificado con su obra “Muros para defenderse del miedo”. Él utiliza su profesión para mostrar su mirada sobre el entorno social.

Por mi parte, yo llevo varios años realizando obras inspiradas en la denuncia social.

Como su pieza “Puerta del Sur de Europa” que ha formado parte de su reciente exposición individual titulada “Vergüenza, mucha vergüenza”, en la Sala Alfons Blat, de la Escola d’Art i Superior de Ceràmica de Manises, comisariada por Maite Larena.

Puerta del Sur de Europa

También me ha inspirado siempre Teresa Gironés. Una persona con mucha fuerza y energía de la buena. Sus piezas figurativas, me encantan, explica.

Además de esta obra de denuncia social, Ramón Fort cuenta con colecciones agrupadas por técnicas, como son texturas, sigilatas, rakú y cristalizaciones.

 

Piezas de diferente formato, grande y pequeño, que reflejan su alma inquieta. Por conocer y crear diferentes estéticas.

¿Qué opinas del mercado de la Cerámica hoy?
Veo que hay tres puntos fundamentales que están propiciando un aumento en su interés.

Por un lado, la aparición de artistas que se interesan por el material cerámico para desarrollar su obra, como es el caso de Miquel Barceló.

Por otro lado, el boom del mercado de la gastronomía. Muchos talleres viven hoy de realizar vajillas únicas a restaurantes.

Y por último, el mundo tan tecnológico en el que vivimos. Cuanta más tecnología haya, mayor será la necesidad que tendrá la gente de entrar en contacto con objetos con alma.

¿Qué consejo darías a alguien que quiere dedicarse profesionalmente a la cerámica?
Partiendo de que no soy una persona que le guste dar consejos, ya que opino que lo que me sirve a mí no tiene por qué serle útil a otro (cada uno tiene sus circunstancias y su horizonte), sí que podría decir lo siguiente.

A cualquiera que se acerque al mundo de la cerámica y se plantee hacer de él su forma de vida que lo viva con toda su pasión, así las cuestas arriba, ¡que las habrá!, resultarán menos duras. Y si no encuentran en su interior esa pasión….. pues es una ocupación fantástica para vivirla como hobby o afición.

Coherencia ante todo, trabajo y constancia. Fórmula que da como resultado una mente y personalidad geniales, la de Ramón Fort.

Un orgullo conocerle de cerca y escucharle. Gracias por tus palabras, tu sencillez y esa honestidad que tanto se echa en falta.
¡Volveremos a tu Escuela!

Conoce más sobre Ramón Fort:

Página web: http://www.ramonfort.com/

Facebook: https://www.facebook.com/Taller-Escola-de-Ceramica-Ramon-Fort/

Instagram: https://www.instagram.com/ramonfortceramica/

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