Jaime Barrutia es ceramista por vocación. A lo largo de su vida ha desarrollado de forma paralela la profesión de ceramista con la de diseñador. Nos aporta una visión única de los objetos y la cerámica de uso. Un acercamiento emocional y sensorial con piezas que forman parte de nuestro día a día y que, en su mayoría, se encuentran en el ámbito del hogar.

 

Quién: Jaime Barrutia

Por qué: Por su esencial punto de vista en torno a los objetos funcionales y su conexión con las emociones

Dónde: En nuestro estudio PotteryGym

 

Los alfareros tradicionales, cual ingenieros, ya desarrollaban su trabajo buscando una relación entre la necesidad funcional de un objeto de uso diario, y las personas que lo iban a utilizar.

Jaime Barrutia profundiza en este concepto desde una perspectiva contemporánea y de clara influencia oriental. Propone la creación de objetos funcionales que tengan una hermosa relación con el cuerpo al ser usados; que resulten inspiradores y que nos transmitan alguna emoción. En oposición, con esta idea, a la acumulación de objetos sin sentido.

 

Muchas gracias Jaime por dedicarnos tu tiempo y por formar parte de la “familia” PotteryGym. Cuéntanos, ¿cómo comienza tu relación con la cerámica?

Mi mentor fue el ceramista chileno Jaime Yver. Un día estábamos comiendo juntos y realizó una larga disertación sobre la olla que estaba sobre la mesa. Hablaba de la huella que deja el ceramista al trabajar el barro, el fuego, las peculiaridades del vidriado… y pensé “esto es lo que quiero hacer yo”.

¿Supiste que querías dedicarte a hacer cerámica desde joven?

Puedo hablarte de “dos épocas” en mi trayectoria cerámica.

La primera fue con poco más de 20 años. Comencé estudiando Economía y en el tercer año de carrera visité por casualidad la Escuela de Cerámica Francisco Alcántara, y me encantó. Me quedé fascinado. Su laboratorio de cerámica, su sala de tornos, su jardín… Así que decidí seguir estudiando mi carrera por las mañanas y por las tardes, iba a la Escuela.

 

Terminé la carrera y comencé a trabajar para una gran empresa. Pero me di cuenta de que no me interesaba nada lo que hacía, y lo dejé dos años después.

Realicé un viaje casi iniciático para conocer de primera mano cómo trabajaban los alfareros en diferentes regiones españolas.

Durante esta primera etapa me fue muy bien. Tenía éxito, hice varias exposiciones, salía en prensa… pero económicamente no era sostenible.

Si lo que quieres es ganar mucho dinero, has de dedicarte a otra profesión, no a hacer cerámica

Además tuve un hijo, así que después de 10 años, decidí dejarlo y trabajar como diseñador en un estudio de Diseño Industrial. Más adelante, monté mi propio estudio.

 

¿Continuaste haciendo cerámica en esta época?

Al principio intenté compaginarlo, pero era imposible. Y yo no quería ser un “ceramista dominguero”. Así que me centré en mi trabajo como diseñador.

 

Hablas entonces de una segunda etapa profesional en la cerámica

Sí, hace cuatro años decidí volver al sector. Monté mi estudio de cerámica en El Escorial y hago trabajos y proyectos propios, nuevos.

Para hacer sostenible este “reencuentro”, Jaime ha decidido reducir sus encargos como diseñador, realizando sólo aquéllos que le interesan personal y económicamente.

Actualmente la mayoría del tiempo se lo dedico a trabajar en mi taller

Doy algunas clases en El Escorial, explica, y estoy vendiendo en un par de tiendas: en Tado y Bureau Mad, ambas se encuentran en pleno centro de Madrid.

 

¿Cuál es tu principal línea de trabajo actual?

Mi trabajo se desarrolla en torno a dos importantes fuentes de inspiración: la cerámica oriental y la alfarería tradicional española.

Me interesa mucho trabajar la materia en sí. Yo me siento muy alfarero, pero también me siento atraído por la materia.

Actualmente estoy creando piezas que surgen de la experimentación con diferentes tierras que cojo del campo y que mezclo con pastas comerciales, y que venden en Marphil. Soy como un “cocinero” que se crea con las materias primas que nos da la tierra.

 

¿Por qué el torno como herramienta?

En mi caso fue un flechazo. Aprendí torno en la Escuela de Cerámica con un profesor durísimo que me tuvo un trimestre solo centrando el barro y después de ese tiempo continué amando el torno.

Hay varias cosas que me fascinan del torno pero básicamente hay tres:

La conexión cuando hago torno con todos los hombres que han torneado antes que yo desde hace cientos o miles de años y han podido sentir lo mismo.

La sensación de transformar y crear. Cuando llego al taller tengo un montón de barro y cuando me lavo las manos y me voy, antes de apagar la luz con las manos frías del agua miro hacia atrás y veo una mesa llena de piezas recién hechas.

Poder concebir objetos en mi cabeza y poderlos fabricar yo solo en la intimidad. Es casi mágica la sensación.

 

¿Qué pastas sueles utilizar?

Utilizo básicamente un tipo de gres que cocido es de color crema y es grato para tornear. Con los restos y lo que se queda duro, he convertido una tarea pesada como es la recuperación del barro en una labor fascinante para mí. Me permite experimentar mezclando el barro con materiales que recojo de mi entorno y con otros que compro. Al someterlos a altas temperaturas vuelvo a crear rocas pero con forma de taza o de cualquier otra cosa. De todos modos en este aspecto me siento un cocinero al que le queda mucho por aprender, y eso es fuente de nuevos deseos y por lo tanto de vida.

 

¿Qué es lo más difícil, en tu opinión, de dedicarse a la cerámica?

Si vives en España creo que venderla. No es un país muy grato para ser ceramista.

¿Qué opinas del sector cerámico en la actualidad?

Yo creo que hay un boom hoy, comparado con otros momentos de la historia. Hay circunstancias culturales que han hecho que se ponga de moda la cerámica. Es fácil dar una explicación simple: sello humano en los objetos, diferenciación frente a lo standard, etc. Pero es difícil dar una explicación real de lo que está pasando. Se me va de las manos. Hay una cosa sin embargo que me causa cierta intranquilidad y es que en nuestra cultura de la inmediatez haya tantas personas que quieren aprender a hacer cerámica y en particular torno con el esfuerzo que hay que realizar para su aprendizaje. ¿Cómo se puede entender esta paradoja?

 

Ha sido un placer charlar con Jaime, es fuente de sabiduría e inspiración. Nos alegra enormemente tenerle en nuestro equipo de profesores.

Jaime Barrutia imparte este otoño un nuevo curso trimestral, que comienza a finales del mes de octubre. Durante tres meses enseñará cómo crear cerámica utilitaria al torno analizando previamente tres aspectos:

  • Función: Cómo se concibe un objeto de cerámica de uso y su relación con el cuerpo.
  • Emoción: Qué idea o emoción queremos transmitir al crear dicho objeto.
  • Aspectos técnicos: Dureza, materiales, colores, vidriados… que nos ayuden a construir dicho objeto y que apoye la emoción que queremos transmitir.

 

 

No pretende ser un manual de instrucciones sobre la creación de objetos cerámicos; se trata de entender y reflexionar primero, para después fabricar.

Intensivo Cerámica Utilitaria al Torno

 

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