Cada momento de la vida es distinto y también lo son el cuerpo y la mente. En este sentido, hemos querido destacar las cualidades que aporta la cerámica, enfocadas en cada etapa vital. Niños, adultos y mayores, todos ellos unidos por un mismo beneficio: la práctica cerámica.

 

Para los más pequeños

Ya sabemos que los niños son como esponjas, absorben todo lo que les rodea, y aún más si son bien enseñados.

Además, su mente es un hervidero de ideas y la ausencia de prejuicios les hace más libres a la hora de crear.

La cerámica les ayuda a fomentar su creatividad. Al ser un material muy plástico y fácilmente modelable, el niño puede crear de la nada lo que se le pase por su cabecita.

Construcción con churros, con bolas, con tiras… Todo ello le ayudará además a fomentar su motricidad en manos y brazos. De esta forma mejorará el equilibrio y la sujeción de objetos.

Es lo que se conoce como motricidad fina, mejora con el trabajo de la arcilla porque requiere coordinación entre mano y ojo.

Coger una cuchara para comer, el lápiz para escribir, las piezas de un puzzle para encajar… serán pan comido para los peques que estén acostumbrados a trabajar con barro.

La arcilla puede resultar “calmante” para muchos niños. Tienden a estar tranquilos porque están demasiado ocupados creando una obra de arte. Incluso los niños que son considerados hiperactivos pueden fascinarse con la arcilla y concentrarse en una sola obra maestra. Las cualidades relajantes del medio les mantiene entretenidos mientras su imaginación echa a volar.

Mejora la autoestima de los más peques, aunque esto es común a cualquier edad. El jarrón puede estar torcido y solo pintado en un lado, pero el niño ha logrado algo único y está orgulloso de ello. Las clases de cerámica pueden mejorar la autoestima porque los niños tienen control sobre sus proyectos y ven el resultado de su trabajo.

 

Edad adulta

Para los adultos la cerámica puede ser un hobby muy relajante, que ayude a recuperar el ritmo interno, a conectar de nuevo con uno mismo después de horas de trabajo.

Todo lo que hoy se conoce como mindfulness, meditación, relajación… La cerámica lo tiene en su ADN, desde siempre.

Es como una meditación activa en la que intervienen la concentración, la creatividad y el contacto con un material orgánico y amable.

Aumentará sin duda tu autoestima al hacerte sentir capaz de crear y en definitiva, al entrar en un estado en el que lo único importante eres tú y tu pieza, y el lenguaje entre ambos. La conexión entre la mente y las manos.

El torno es un buen ejemplo en este sentido. Aprender la técnica requiere de mucha concentración, atención, destreza y perseverancia.

Algo parecido ocurre cuando se trata de hacer un modelado. El respeto a las proporciones, el equilibrio y lo que te va pidiendo la pieza en cada paso… Crea un paréntesis de concentración que puede durar toda una clase, sin interrupción.

La atención se centra en una única tarea, algo que resulta muy gratificante, por otro lado.

Otro elemento que sale a flote es la creatividad y la capacidad de resolver en este caso, proyectos cerámicos. Una cosa va unida a la otra. Creatividad no es solo hacer algo bonito, con forma, color, textura… , si no también ser capaz de encontrar la manera de resolver una cuestión. En este caso, es una cuestión que lleva intrínsecamente relacionado el trabajo manual y artístico.

 

Para los mayores de la casa

Para la gente mayor, la cerámica se convierte a menudo en un encuentro con su lado más artístico tras años de trabajo y dedicación familiar.

La cerámica requiere tiempo, y mucho. En ocasiones sólo tras la jubilación, llega este apreciado momento.

Y es entonces cuando el barro cura psíquica y físicamente.

El hecho de asistir a clases de cerámica es un acto social importante. Poner la mente en marcha, buscar nuevos retos y aprender nuevos conceptos, no debería de tener edad.

Fomenta la memoria y el desarrollo mental al estar expuestos a nuevos aprendizajes y retos. Así como al tratar de modelar una forma, cuya representación está en la mente, en la memoria.

Ejercita las manos. De nuevo nos encontramos con el concepto de motricidad fina. Es la realización de movimientos voluntarios con manos y dedos, muy precisos, que implican pequeños grupos de músculos, huesos y nervios lo que requiere una mayor coordinación. Es muy común perder dicha motricidad en enfermedades reumáticas, por ejemplo.

Tocar el barro, modelar la forma deseada, tornear con precisión una tapa, pintar con grasas a pincel, son todos movimientos que requieren de una coordinación especial y que se pueden entrenar. Haciendo así que personas de edad avanzada mejoren su día a día.

Y de nuevo, por supuesto, la consecución de logros, que además han sido placenteros durante su búsqueda, durante el camino, da como resultado una mejora inmediata de la autoestima. ¿Quién dijo que después de los 65 no se podía aprender de nuevo?

 

Y seguro que la cerámica a ti te aporta beneficios que no hemos mencionado aquí. ¡Nos encantaría conocerlos! En comentarios o redes de Marphil.

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