La formulación de esmaltes es una de las áreas más complejas de la disciplina cerámica. Sin embargo, aunque no seamos todos expertos, es importante tener unos conocimientos básicos para entender qué ocurre cuando mezclamos unos componentes con otros y qué modificaciones podemos hacer, para conseguir los resultados buscados.

 

Crear nuestros propios esmaltes puede resultar complejo y en ocasiones incluso frustrante. Sin embargo, realizar modificaciones sobre recetas básicas, que podemos encontrar en libros o través de nuestros colegas, es una buena forma de desarrollar acabados distintos, únicos, o simplemente buscados, sin necesidad de dominar la formulación cerámica.

En este sentido, es importante saber “leer” una receta cerámica. Para ello puede ayudarte esta completa Guía sobre Recetas de Esmaltes Cerámicos de Linda Bloomfield.

Guía de Esmaltes Cerámicos, por Linda Bloomfield

Hoy en día el mercado ofrece esmaltes comerciales muy estables y de una infinidad de colores y acabados. Sin embargo, cuando queremos realizar grandes cantidades o un color específico, comprender las posibilidades de los esmaltes hechos por nosotros mismos, amplía el campo de acción.

 

Hay tres componentes básicos que conforman todos los esmaltes y que podrás encontrar en MATERIAS PRIMAS de nuestra tienda online:

Feldespato. Es la “harina” de los vidriados. De aquí surgen propiamente los esmaltes. Contienen sodio, potasio, calcio, alúmina y sílice. Hablamos así de feldespato potásico, sódico, de nefelina sienita, petalita, espodumeno….

Silicatos (Arcilla) Es el “armazón” de los esmaltes. Está presente en forma de cuarzo en polvo o pedernal. Asimismo los encontramos en arcillas (caolín, arcilla de bolas, barro rojo, bentonita…) y en el talco.

Fundente. Reduce el punto de fusión de la sílice para que sea posible que se funda tras la cocción. Utilizaremos distintos fundentes si estamos trabajando en baja o en alta temperatura.

  • Son fundentes de baja temperatura: litio, sodio y potasio.
  • Son fundentes de alta temperatura; calcio, bario, magnesio y estroncio (que sustituye al bario y no es tóxico).

 

Los esmaltes cerámicos están basado en un sistema porcentual, de tal forma que la suma de todos los ingredientes de la receta debe de ser siempre 100.

Sin embargo los óxidos colorantes, que los utilizamos para colorear la base (naturales o artificiales) así como otras adiciones especiales se harán aparte, en relación al porcentaje global, al 100%. No formarán parte de los 100 gramos de la receta base.

En recetas antiguas veréis que tal vez esta norma no se cumple siempre, pero es bueno tenerlo en cuenta. Es como el mundo de las recetas de cocina. A menudo son conocimientos adquiridos desde la experiencia, e incluso transmitidos de generación y en generación, que funcionan sin seguir una norma clara. Sin embargo, para principiantes es importante mantener un marco teórico.

 

Cuando realicemos una receta de esmalte cerámico es importante mezclar primero los elementos sólidos, a los que añadiremos el agua hasta conseguir una consistencia cremosa, como de yogurt líquido.

 

Para 100 gramos de elementos sólidos, se suelen añadir 70 ml de agua.

Sin embargo, es aconsejable ir probando. Comenzar con 60 ml, e ir añadiendo agua. En ocasiones, según los componentes, la mezcla puede necesitar más agua.

 

Vamos a analizar una receta que hemos encontrado en Glazy.org

Se trata de un esmalte brillante azulado, semi opaco, que se torna azulado cuando la capa de esmalte es muy fina.

Se cuece en oxidación cono 9 (1230-1280 grados).

Esmalte Blue Skies de Kim Ulrick

 

Además, para el color, añadimos (fuera de la receta base):

En total todo sumaría 100,6 gramos.

 

Analicemos qué función realiza cada componente:

Feldespato Sódico: Se trata de un fundente con alto contenido en sodio, de alta temperatura. Fortalece y estabiliza los esmaltes.

Sílice: Como ya hemos dicho, es el principal ingrediente de los vidriados.

Frita de Bórax: Es un fundente que se utiliza para esmaltes con acabado brillante. Desarrolla muy bien los colores mediante la adición de óxidos metálicos y muy en particular los turquesas de cobre.

Blanco de España: Contiene mucho calcio y se utiliza en esmaltes de alta temperatura para dar durabilidad y dureza al esmalte.

Caolín: Es una arcilla que contiene alúmina, silicato de aluminio y óxido de deuterio (equivalente al agua). Sería el “armazon” del esmalte.

Óxido de Titanio: Dará un efecto jaspeado, con pequeñas manchas blancas, que resulta muy interesante. Es un importante opacificante y crea esmaltes resistentes tanto al choque térmico como a los agentes químicos.

Carbonato de cobre: Produce colores verde o turquesa en cocciones oxidantes, y rojo en reductoras.

Carbonato de cobalto: Produce esmaltes de un color azul intenso. Puede dar grises en combinación con níquel y púrpura con manganeso.

Como veis con el conocimiento de los esmaltes y sus principales componentes se abre un mundo gigante de posibilidades. A partir de aquí, es necesaria mucha experimentación, ya que sólo el ensayo y error permitirán descifrar las incógnitas que irán surgiendo en el maravilloso mundo de la búsqueda del esmalte perfecto.

 

¡Mucho ánimo en vuestras recetas!

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